Tengo que admitir que los heteros (o supuestos heteros) me dan bastante
morbo y algunos de mis amigos comparten esto y otros no. Poco antes de estas
navidades tuve una ocasión bastante excitante de darle rienda suelta a ese
morbo mío durante una de muchas cenas de navidad. Se trataba de la cena de
empresa. Ya sabemos cómo suelen ser: todo empieza con una cosa muy formal a la
que da algo de palo ir y en las mejores ocasiones acaba con una borrachera en
la que haces cosas que al día siguiente preferirías no haber hecho o al menos
no recordar.Pues bien, mi cena de empresa se hizo a mediados de diciembre y estaba invitado todo mi departamento, es decir, unas 40 personas. Se alquiló la sala de eventos de un restaurante y el plan era una cena de empresa, sin más. Llegué un poco tarde, a eso de las ocho y media, vestido muy elegante con traje y todo de negro. Si bien la vestimenta formal no es obligatoria, sí es lo que más abunda en las cenas de mi empresa. La gran mayoría de la gente ya había llegado y estaba tomándose una cerveza mientras nos esperaban a los últimos. Yo me senté donde pude, al lado del señor con el que comparto oficina y otro chico joven que apenas conocía.
